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Se puede asegurar que no hay grandes
divisiones entre objetos artísticos y objetos cotidianos. Muchas
de las vasijas de uso común entre los tainos eran ricamente
decoradas. Algunas piezas de madera también; cuencos, tinajas o
recipientes para líquidos fueron primorosamente ejecutados por las
alfareras de este periodo histórico. Los tainos usaron diversas
formas de vasijas y recipientes. Entre las más importantes están
las vasijas llamadas -potizas-, pobre corrupción idiomática de la
palabra española -botija-. Estas potizas, muy comunes a las zonas
del este del país, y especialmente en los lugares cáusticos, con
agua dentro de abrigos rocosos, eran de uso cotidiano, y se
utilizaban no solo para cargar agua sino para obtenerla haciendo
descender la potiza, con una soga atada al estrecho cuello, en las
cavernas con aguas profundas y limpias.
Los vasos efigies, hechos en cerámica y
madera, eran representaciones animistas o cemies. Sus diversas
formas y expresiones sugieren siempre la representación de dioses
o seres, tal es el caso de un ídolo de espaldas abultadas que
encarna la figura del mitológico Deminan Caracaracol, relacionado
con las leyendas tainas. Cuencos decorados, platos, bandejas y
ollas para uso tienen también intensa decoración basada,
principalmente, en el modelado y las incisiones. Algunos objetos
de este tipo presentan asas huecas con semillas o piedrecillas que
se utilizaban a manera de sonajeras o maracas.
Los amuletos y cuentas de collar
constituyen piezas hoy características de la cultura taina. Se
trata de figuras labradas en diversos tipos de roca utilizadas
como fetiches y suertes contra elementos malignos de la naturaleza.
Son, realmente, importantes representaciones de manifestaciones
del llamado ritual de la cohoba, en la mayoría de las ocasiones,
aunque existen excepciones. Hay por lo menos cuatro tipos que
suelen considerarse permanentes.
Entre los tainos la decoración corporal
fue importante. Colon, en su diario del primer viaje, señala con
precisión el colorido corporal de los habitantes isleños. Los
tainos usaron sellos o pintaderas, formados de cerámica en forma
de pequeño disco, decorado por su base que colocado sobre bija u
otro colorante, dejaba una impronta en el tejido o en el cuerpo.
La decoración corporal se hacia, igualmente, con zumos de algunas
frutas, como era el caso de la jagua (Genipa americana), cuyo jugo,
aun tierna la fruta, proveía una tinta negra de magnifica factura.
El dujo, o asiento ceremonial, tuvo entre
los tainos expresiones de gran arte. Generalmente hecho en madera
o piedra, fue decorado con incisiones laberínticas a base de
cinceles y artefactos finos hechos en piedra. Este banquillo de
cacique, sigue siendo usual entre numerosos grupos indígenas
sudamericanos de Venezuela y Colombia. Los llamados -ídolos de la
cohoba-, también logrados en madera o piedra, son una excelente
muestra del dominio que tuvo el taino de la escultura. Sobre estos
ídolos se colocaba el plato contentivo de los polvos alucinógenos
que inhalaban los caciques en el ritual de la cohoba. Algunos de
estos ídolos tienen ya incorporado en su parte superior el plato
para dichos polvos.
El trabajo en madera no solo se redujo a
ídolos y vasijas, también fueron importantes los bastones
sonajeros, piezas con forma de lengüeta de hasta 5 centímetros,
rematadas en su cabeza con sonajas de madera talladas sobre la
misma pieza. Elementos de gran importancia escultural fueron las
tallas en hueso y madera de las llamadas -espátulas vomicas o
vomitivas-. Estas piezas, utilizadas en el ritual de la cohoba
para producir vómitos antes del -contacto- con los dioses, eran
introducidas por el oficiante hasta la epiglotis, induciendo la
limpieza del estomago. Son representativas de diversos elementos
animistas. Algunas rematan en formas animales, otras son
representaciones típicamente humanas.
Las manos de mortero, o majadores del
periodo taino, son también una expresión insólita del dominio del
arte lapidario. Estas manos de mortero, usadas para preparar los
polvos de la cohoba, son en verdad representaciones importantes de
fuerzas de la naturaleza. Aunque se han podido establecer algunas
relaciones entre las figuras representadas y las crónicas de Fray
Román Pane (cronista del siglo XV), la mayoría de estas
representaciones están siendo estudiadas para su identificación.
Los collares, pasadores para orejas, bodoques labiales, y otras
piezas para decoración corporal, fueron logrados a base del uso de
arena fina y cabuya combinados. La cabuya (Agave sisalana) se uso
mediante frotamiento del hilo tenso, para pequeños cortes y
trabajo de perfeccionamiento en miniaturas.
Las hachas ceremoniales de la cultura
taina están logradas, también, en rocas volcánicas o sedimentarias.
Son importantes las llamadas hachas monolíticas, exacta
representación de un hacha petaloide enmangada en madera. |
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